El arte de ser padres sensatos en la enfermedad - 2ª Edición


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978-84-96755-37-6

616-053.2

A Fortiori Editorial

AF2009034

El arte de ser padres sensatos en la enfermedad - 2ª Edición

Dr.Roberto Fernández de Pinedo Montoya

Iñaki Gutiérrez Landaburu. Cuentos: Ignacio Tamayo

Salud Infantil  

Bilbao, 2010

Castellano  

Castellano

Rústica con solapas

256

170mm x240mm

Existencias en almacén


18,50 euros

Resumen: Lo que necesitas para abordar con calma y sensatez los leves alejamientos de la salud de una criatura.
- Sentido común y cariño.
- Paciencia y tiempo.
- Un buen toque de humor.
- Este libro.

Este libro de delicioso y fluido texto es el primero de una jugosa serie que va a ayudarnos a madres, padres, abuelas y abuelos a desdramatizar la fiebre o la tos de nuestras criaturas y a tratar los asuntos de salud de los pequeños de la casa, de forma sosegada, sin agobios, y con muchas dosis de humor, imprescindible cuando abordamos asuntos tan importantes. Esperamos que disfrutéis.




Ya vamos por la segunda edición


Roberto Fernández de Pinedo nació en Bilbao en 1954, aunque no lo parece, vete a saber por qué. Desde pequeño dicen que se le veía en el empeño porque jugaba “a los médicos”, así que estudió Medicina en la Universidad del País Vasco entre los años 1971 y 1977 y fue un más que aceptable estudiante. Realizó la especialidad de Pediatría en el Hospital de Cruces entre los años 1978 y 1982 y desde entonces viene trabajando como pediatra de atención primaria.

Roberto es un tipo normal, pero es un pediatra menos normal. No es Doctor, pero sí es muy buen médico. En su currículum hay cosas de gran interés. Por ejemplo, no es Doctor Honoris Causa de ningún sitio, pero causa buenas sensaciones. Tampoco es ponente de congresos de relumbrón, pero cuando habla se le escucha.

Pese a esas supuestas carencias tiene algo muy importante y es que dice haber acertado con su profesión, o sea, que le sigue gustando lo que hace después de casi treinta años trabajando con niños. Es un pediatra con sensibilidad y entregado a lo que hace, pero, eso sí, que necesita tiempo ¿no lo necesitamos todos? Su mayor aspiración siempre ha sido trabajar sin prisas con cada paciente y es que, con tiempo, lo borda, y como evidencia ahí están las muestras de afecto, de cariño y de rendición incondicional que le otorgan sus pacientes y los familiares de sus pacientes. Hay familias que son auténticas forofas de este hombre.

Aunque parece serio tiene mucha chispa. Fue bendecido al nacer y sus días cuentan con 28 horas, por eso aparte de a la medicina, le da a otras cosillas. Por ejemplo, hizo algunos cursos de Sociología; es un excelente fotógrafo, no hay picaporte o escalera que se le resista; rasga las cuerdas de su guitarra como casi nadie; es un histórico del Mac también conocido como maquero; y es prácticamente imbatible al ping-pong. Dice conseguir momentos de gran emoción cuando canta en el coro Biotz Alai de Algorta; viajero empedernido de furgoneta, anda en bici con asiduidad, incluso hace poco subió el Tourmalet. Tiene muchos planes y además le gustan los canes. El de ahora se llama Rothko. Le gusta la pintura y la aventura. De hecho Mark Rothko, el pintor y Rothko, su perro, forman parte de su andadura. Todos los jueves juega al baloncesto, casi con los mismos compañeros, desde hace veintiocho años y ¡claro! es socio de infinidad de organizaciones y además, de vez en cuando, le da por ir por el mundo en trabajos de cooperación. Vamos, que tiene un pase. Encima los amigos le quieren mogollón.